PODER POLÍTICO – Maestro Ignacio Manuel Altamirano, paradigma universal de la docencia

…y creador de la Literatura Méxicana

Por Ciriaco Navarrete Rodríguez

En efecto, el maestro Ignacio Manuel Altamirano Basilio, nació en Tixtla, Estado de Guerrero, el 13 de noviembre del año de 1834, y murió a los 58 años de edad, víctima de la Diabetes Mellitus II, el 13 de febrero del año de 1893, en San Remo Italia. Su obra es un paradigma universal, y además fue el creador de la Literatura Mexicana en el Siglo XIX.
Una de sus frases más destacadas es la siguiente: “No disculparse del exceso cometido en la embriaguez de la cólera, es más insensato aún, que cometerlo. Es el orgullo sosteniendo la estupidez”.
En su honor, se creó la “Medalla Altamirano”, presea que el 15 de mayo de cada año, que es la fecha en que a nivel nacional se celebra el Día del Maestro, se entrega a los docentes mexicanos que han cumplido 30 años de servicios al servicio de la educación del país. Yo la recibí en el año de 1995, tras haber cumplido las tres décadas de servicios docentes en Nuevo Laredo, Tamaulipas.
El maestro Altamirano nació en la misma mansión que fue propiedad de la familia, y del propio General de Don Vicente Guerrero, quien es reconocido como el verdadero libertador de México, aun y cuando el Clero Católico siempre lo ha negado, porque defiende la figura del traidor y apátrida Agustín de Iturbide.
Es curioso, que en el mismo solar de la ciudad de Tixtla, del hoy Estado de Guerrero, hayan nacido esos dos genios mexicanos, y ambos personajes surgieron de las clases populares de aquellos tiempos, y los dos, en sus respectivas épocas, lucharon denodadamente en la construcción del México Independiente.
La Obra legislativa más importante del maestro Altamirano, quedó plasmada en la redacción de la Constitución juarista de 1857, porque él fue el Presidente del Congreso que redactó, esa que fue una verdadera Carta Magna socio-capitalista o democrática, la cual, si hubiera entrado en pleno vigor, garantizaba la solidez jurídica del derecho de la tenencia de la tierra, y aseguraba la paz social, y la gobernabilidad necesarias para que, en México, creciera la riqueza de manera permanente.
Y es oportuno decir que el maestro y legislador Altamirano, fue el principal líder de los legisladores liberas duros, cuya cabeza suprema lo fue el propio Presidente Don Benito Juárez García.
Con esa ideología democrática, ambos personajes, acordaron redactar aquella Constitución de 1857, pero basada en el modelo agrario de la pequeña propiedad de la tierra, tipo granja, idéntico al norteamericano.
Sin embargo, ese magno propósito de continuar la lucha por democratizar a México, misma que se había iniciado desde que el Congreso de Chilpancingo, que con base en el modelo agrario socio-capitalista o democrático de la pequeña y mediana propiedad de la tierra, redactó la Constitución que fue promulgada en plena Guerra de Independencia, el 18 de octubre de 1814, por el Cura José María Morelos y Pavón, en Apatzingán Michoacán.
Sin embargo, debo subrayar, que esa obra legislativa del maestro Altamirano, no pudo entrar en pleno vigor, debido a la invasión francesa que provocó la Guerra de Tres años, y concluyó con el efímero Imperio de Maximiliano de Habsburgo, quien fue derrotado en la Batalla de Querétaro, en la cual, fue determinante la estrategia militar del maestro Altamirano, y luego, ese fallido Emperador, por acuerdo del Presidente Juárez fue fusilado en el Cerro de las Campanas de esa misma ciudad.
Después sobrevino la muerte de Juárez, y la dictadura de Don Porfirio Díaz, con quien el maestro Altamirano, se desempeñó, como Procurador General de Justicia, y como Presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Y en materia educativa, destaca como fundador de la Escuela Nacional de Maestros, en la cual, dicho sea de paso, yo estudie mi carrera de profesor de educación primaria entre los años de1961 y 1963.
Desafortunadamente, esa magna Constitución General de la República, literalmente fue echada a la basura con el Congreso de Querétaro, quien nos legó ese desecho jurídico empobrecedor, como lo es la Constitución promulgada el 5 de febrero de 1917.
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